Idò

Después de un largo viaje estuve a punto de irme de Mallorca, una isla que desde su inicio me acogió con fuerza y confianza. Más que los motivos para quedarme, buscaba las excusas para escapar. Un día, en medio de nubarrones metales, me calcé las deportivas y salí a correr. Era primavera, un medio día luminoso y fresco. Cuando dejé atrás la larguísima Manuel Azaña y llegué al paseo marítimo, empecé a escuchar el vaivén del mar. Acababa de tomar una decisión.

¿Y si me está cantando una isla?

 

There are still some things                                   Todavía hay algunas cosas que
I’d like to say to you.                                              me gustaría decirte
Some things you should see                                  algunas cosas que deberías ver
but since were not that close no more                 pero desde que ya no estamos juntos
I’m gonna have to let it be.                                    voy a tener que dejarlo estar.

Although it’s really annoying,                                    Aunque sea realmente molesto,
and is bugging me a lot                                           y me fastidie muchísimo
I’m just gonna be quiet,                                          solo voy a estar tranquilo,
and maybe you will work  it out –                               y quizás tu intentes solucionarlo,           but I doubt it.                                                   pero lo dudo.

You cant say no forever, no no no,                               Tú no puedes decir no para siempre
sometimes you should let it slide, ah ah ah aaah.       a veces debes dejar pasar las cosas.
I know I’m not so clever, no no no no,                        Yo sé que no soy tan lista
but you’re not the picky kind.                                   pero tú no eres un tipo exigente.

Sometimes when I call you,                                       A veces cuanto te llamo
I just feel like hanging up.                                      solamente tengo ganas de colgar.
You’re not getting any older                                      Tú ya no eres un niño
and it never seems to stop.                                       y no pareces remediarlo.

Now if I was you’re girlfriend,                                   Ahora bien, si yo fuese tu chica,
I would tell you all of this                                      yo te diría  todo esto
But since we’re not together                                      pero desde que no estamos juntos
I’m not saying anything at all.                                   yo no te digo nada en absoluto.

You cant say no forever, no no no,                             Tú no puedes decir no para siempre
you have to let me in, ah ah ah aaaah,                       tienes que dejarme estar contigo
You are really stubborn, no no no no,                       eres realmente testarudo,
but in the end I always win.                                      pero al final yo siempre gano.

You can’t say no foreverThis New Year Will Be for You and Me (Lacrosse, 2007).

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La ciudad imaginada

Sentí mucha alegría cuando dejé de pasar frío al bajar a Lao Cao. Estuve hablando con unas madrileñas que trabajaban para Air France. Hacía cuatro semanas que no hablaba español, y a pesar de las ganas de seguir conversando, no pude entretenerme mucho, mi tren a Hanói salía en breve. Fue una noche muy larga, después de haber dormido, menos que más, en una litera con el aire acondicionado apagado (algo tremendamente extraño en los trenes-literas del sureste asiático). Dentro del compartimento hacia un calor horroroso, y a alguien le olía los pies, aunque sabía que el causante del olor también podía ser un servidor. Pero lo que olía a pies una barbaridad era la manta de mi cama. Compartía habitación con dos franceses, una guapa laosiana y su novio americano. Llegué a la capital a eso de las cinco y medía de la mañana, y el olor a pies, seguro que provenía del americano.

Tuve suerte, salía un tren en medía hora a Ninh Binh. Compré un billete en tercera, subí rápidamente al vagón con asientos de madera, y espere a que se pusiera en marcha. Mi primer intento de llegar a esta soporífera ciudad (así la definía la guía) era cuando estaba en Huế, pero muchas veces, el camino lo dicta el propio viaje, y me fue imposible, o al conductor no le dio la real gana, de parar en Ninh Binh en mi primer intento.

El trayecto discurría, como no, entre infinitos campos de arroz. El revisor me dijo más de una vez que cerrara la verja de la ventana porque podían tirarme piedras. Yo preferí hacer fotos y correr un riesgo que veía mínimo. Hasta que la cerro él. Para asegurarme que no me pasara la estación no paré de dar la murga al revisor, y cada vez que el tren paraba yo me asomaba y preguntaba: ¿Ninh Binh? El viejo, me miraba y decía que no, que me avisaba, pero no estaba yo para comprobar la veracidad de esta afirmación. La experiencia es un grado.

Creo que eran pasadas las diez de la mañana cuando el tren llegó a Ninh Bihn. Una vez encontrado el hotel, tarea nada difícil ya que había dos en la misma calle de la estación, decidí alquilar una moto. A Ninh Binh me habían llevado varias cosas: Hoa Lu (la primera capital del reino), Tam Coc (el Halong de los arrozales) y la catedral de Phat Diem.

Tengo la mala costumbre de antes de irme de viaje, leer libros que hablen sobre mi destino. Y así, muchas veces, intento buscar lugares relatados en capítulos perdidos de aquellos libros. Una de las cosas que me ofrece viajar solo, es no rendir cuentas a nadie y hacer lo que me apetezca, marcando el camino con respecto a eso lugares que por algún motivo se me han quedado en la memoria. Así, en Argentina, dibuje un camino que recorría la ruta 40. Un trozo de tierra en medio de las vacías llanuras patagónicas que Bruce Chatwin coloreó con maestría. También había un tren que cruzaba esa inmensa tierra y que Steinbeck relató con una fuerza maravillosa. Desgraciadamente, ese tren no pude cogerlo por circunstancias que no viene ahora al caso.

Por su parte, Vietnam es por sí mismo un libro… o mejor, una película que nos hemos cansado de ver. Pero hay algunos lugares que el gran Graham Greene decidió dotar de vida propia. Uno de estos lugares, es el Hotel Continental en Saigón, donde pasó cinco años; y otro es, uno de los relatos de guerra mejor trazado hasta la fecha: la catedral de Phat Diem. En la ciudad de Phat Diem (Greene por motivos que aún no llego a comprender, olvidó que el fonema /ph/ al principio de la palabra es el alófono /f/, y acabó traduciendo la ciudad por Fat Diem), a unos 25 kilómetros de Ninh Binh, Greene relató la crudeza de la guerra de una forma tan magistral que sin necesidad de descripciones profundas, comprendías la crudeza de esos días.

Así que estaba alquilando una moto con marchas cuando en mi vida había llevado una moto
con marchas, por unas carreteras de infarto, y con gente que no tiene carné de conducir… a mí, al menos, ¡ni me lo pidieron! Alquilé la moto para tres días, y salí zumbando. La catedral de Phat Diem es uno de los edificios más raros que he visto. El complejo que alberga la Catedral (construido entre 1875 y 1899) se compone de iglesias, estaques y una cueva artificial, donde se encuentra la Virgen de Fátima. En el centro del lago, frente a la fachada principal de la Catedral observamos la estatua marmórea del Sagrado Corazón. La catedral (1891) mezcla con descaro la arquitectura china con la europea, creando una fachada sorprendente y un interior majestuoso. Dentro de la Catedral, Greene relató la angustia y el atroz miedo de unos campesinos atacados por fuego cruzado. Y mientras tocaba las enormes columnas de madera de diez metros y veía la bóveda arqueada de madera mi mente releía El americano impasible: “(…) dentro de la catedral misma, de madera labrada, con sus gigantescas columnas hechas de un solo árbol y las lacas escarlatas del altar, más budistas que cristianas”. Tuve la suerte de que estaban celebrando oficio, por lo que pude introducirme dentro y perderme entre los bancos de madera. Dentro olía a Greene.

Antes de que los franceses dictaran retirada, y arrojaran indiscriminadamente sobre el sur del delta del río Rojo miles de bombas, provocando cientos de muertos civiles y una ola de refugiados, las fuerzas de la Unión Francesa, al mando del general de Lattre, mantenían una dura lucha por el control del territorio. Los Viet Minh habían adquirido una gran habilidad para infiltrarse entre los agricultores del delta, y realizar ataques sorpresa al ejército colonial diezmando poco a poco, la fuerza adversaria.

El obispo de Phat Diem, monseñor Le Huu Tu, era un obispo con poder feudal, sosteniendo temporalmente el poder espiritual, la recolección de impuestos y milicias armadas en sus propias tierras. Le Huu Tu, convencido nacionalista (a quien Greene definió diciendo que su país era más importante que el catolicismo) se convirtió en un de los “consejeros” de Ho Chi Minh. Sin embargo, ante la creciente influencia del Viet Minh en su tierra, incrementó los grupos de auto-defensa. Y los obispados pasarían a ser zonas neutrales que las fuerzas anticomunistas y anticolonialistas usaban como lugares de contrabando.

El obispo Le Huu Tu

Así se mantuvo hasta octubre de 1949 cuando el Viet Minh envió siete batallones de tropas regulares para ocupar las áreas de Phat Diem y Bui Chu (la otra zona católica importante del norte del país). Esto provocó que Le Huu Tu pidiera ayuda directamente a los franceses. Tras dos años de luchas, el área quedó relativamente autónoma y cuando las tropas francesas se retiraron, dejaron al obispo a cargo de la defensa de la zona tras proveerle armamento para dos Grupos Móviles Autónomos bajo control local pero pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Vietnam (fuerzas de la Unión Francesa).

La autonomía católica duraría otros dos años. Durante ese tiempo, las tropas católicas habían resistido las ofensivas del Viet Minh en el delta. El Alto Mando tenía a Phat Diem y Bui Chu permanentemente ocupados por tropas Franco-vietnamita pero a finales de 1951 los obispos fueron despojados de sus funciones administrativas, y desmantelaron el ejército privado del obispo. Las relaciones entre Le Huu Tu y el coronel a cargo de las tropas francesas y vietnamitas, comenzaron a ser difíciles.

Le Huu Tu había visitado Europa una vez, y allí había adquirido gran devoción por Nuestra Señora de Fátima. Cuando regresó a su país construyó una gruta en su honor en los terrenos de la catedral, y todos los años festejaba su día con una procesión.

Greene narra así el ataque del Viet Minh a Phat Diem:

Graham Greene, fotografiado por Peter Stackpole, durante el rodaje de 'Nuestro hombre en La Habana' (Carol Reed, 1959).

Ese año el coronel (…), quiso hacer un gesto de amistad y se puso con todos sus oficiales superiores al frente de la procesión. Nunca se había reunido en Phat Diem una multitud tan grande para honrar a Nuestra Señora de Fátima. Hasta muchos de los budistas, que constituían la mitad de la población, asistieron (…). Todo lo que quedaba del ejército del obispo (su banda militar) encabezaba la procesión, y los oficiales franceses, devotos por orden del coronel, seguían como niños de coro (…). De todas las aldeas perdidas entre los canales, desde toda esa región de aspecto tan holandés, donde los brotes jóvenes y verdes de arroz y las cosechas doradas reemplazan a los tulipanes, y las iglesias a los molinos, la gente afluía a la catedral.

Nadie advirtió a los agentes del Vietminh, que también se agregaban a la procesión; y esa noche, mientras el grueso del batallón comunista descendía por los pasos del calcáreo a la llanura de Tonkín, bajo la impotente vigilancia del destacamento francés en lo alto de la montaña, los agentes de la vanguardia atacaban Phat Diem.

Cuando el periodista Thomas Fowler (álter ego de Graham Greene) llega a Phat Diem, el ataque y la contraofensiva francesa ya han terminado. La guerra son silencios y la escasez de vida; esperas y desechos tras la tormenta; cuerpos caídos y destrucción. Son disparos aislados y olor a muerte. Greene relega la guerra al horror de las consecuencias. Y os aseguro que es más doloroso que la propia narración de la contienda.

En 1954, debido a la cooperación con las fuerzas francesas, el Viet Minh tomó crueles represalias con la población campesina de la zona. Esto incitaría un éxodo de los católicos de Annam a Cochinchina, y su obispo no tuvo otra opción que seguir a sus fieles. Muchos quedaron por el camino, asesinados por el Viet Minh o por las bombas francesas arrojadas tras la derrota.

La Catedral permanece incólume al paso del tiempo y a las bombas humanas. Ya no quedan ecos de la batalla en la ciudad de Phat Diem, y nunca hubo arena de playa bajo los adoquines en esta parte del mundo, pero sus calles y canales permanecen a la Historia. Me senté en la calle a comer, bajo la sombra de una fachada deslustrada y con decenas de ojos clavados en cada movimiento que realizaba. Era una ciudad fea, pero yo no la he dejado de querer desde el mismo instante en que la imaginé.

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Los años difíciles

oui mais moi, je vais seule par les rues, l’âme en peine
oui mais moi, je vais seule, car personne ne m’aime

Si a mí me dicen eso me desplomo. Soy algo fácil. O mucho, ¡qué sé yo! Quizá por afinidad, por aquello que todos hemos sentido, por los años infelices delante del espejo. ¡Qué tristeza! ¡Qué desolación cuando no hay mundo tan grande y todo se desmorona! La juventud y su dolor. Cogiditos de la mano. Y asquerosa la felicidad ajena.

Pero vamos, lo genial es que después de escuchar a Françoise, las penurias y lamentos, la sensación es de burra añoranza. Ni el mundo era tan duro ni los inconvenientes tan insalvables.

Eran otros años. Años difíciles. O eso creíamos.

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La transmisión de un poder

Kagemusha: la sombra del guerrero  (影武者, Kagemusha)
Dir: Akira Kurosawa, 1980

Para la introducción, Kurosawa usa un plano fijo y frontal de casi seis minutos y medio, que muestra los tres personajes principales formando un triángulo: en lo alto se encuentra Shingen Takeda (Tatsuya Nakadai), a su derecha, más abajo, su hermano Nobukado (Tsutomu Yamazaki) y a la izquierda de Shingen, más alejado, está un ladrón (de parecido perverso) salvado de la crucifixión (Tatsuya Nakadai).

Durante el tiempo que dura el plano, Kurosawa hace dos cosas importantísimas: usa el diálogo donde da la información necesaria para no perderse durante la película, mientras que con la imagen, ofrece otra información complementaria sobre la personalidad de los asistentes.

Así observamos que no solo Nobukado adopta un gran parecido físico con Shingen, sino que ha mimetizado tanto a su Señor, que incluso adelanta los mismos gestos que hará Shingen. Mientras, la sombra de Shingen, queda recogida siempre entre ambos como un personaje más en escena, interponiéndose entre los dos hermanos.

La nueva sombra permanece en su primera parte en silencio, observando cabizbajo la llama de una vela. Su compostura y lenguaje se vuelve soez cuando le increpan ser una alimaña. Su razonamiento para alzarse es lúcido, y Shingen ve en ello, la cualidad de un buen sosias.

Más que en las aclamadas batallas visuales (occidentalizadas con recursos como la cámara lenta, o el uso impertinente de la música-no menos occidentalizada-), en Kagemusha, el valor de la obra está en sus elipsis y en sus planos de interiores, donde Kurosawa construye el valor y el miedo de todos sus personajes. Kagemusha es una reflexión sobre como el respeto y el poder, no se transmiten por linaje (Katsuyori Takeda), sino que es una actitud y un mérito, que se gana mientras se camina.

Como soy bastante torpe con la informática y aprendo cual tortuga coja, no he podido colgar la versión dual con subtítulos, y no me ha quedado más remedio, que buscar una versión doblada que me confirma que el doblaje en el arte, debe morir.

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Memento mori

I hide myself within my flower

I hide myself within my flower,
That wearing on your breast,
You, unsuspecting, wear me too
And angels know the rest. (1854)

I hide myself within my flower,
That, fading from your Vase,
You, unsuspecting, feel for me
Almost a loneliness. (1859)

Emily Dickinson

En mi flor me he escondido

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho la llevases,
tú, sin saberlo, también allí me tuvieras…
Y los ángeles sabrán el resto.

En mi flor me he escondido
para que, al marchitarse en tu florero,
tú, sin saberlo, sientas por mí
casi una soledad.

De efímera existencia somos. Y solo al final, marchitados, observamos el tiempo pasado. Y los errores.

Leí que Dickinson envió el poema junto una flor. Escondida en la frondosidad floral, esperó (¡cinco años!). Es tu florero, el recipiente que aguarda la muerte, que espera la soledad. Casi una soledad (¡qué ultimo verso tan maravillosamente colocado!). A mí, sin embargo, me has llevado en el corazón cuando desprendía vida.

Dickinson, se centra en la presencia temporal del ser, que como flores, se marchitan con el tiempo. Creo que más que un poema romántico, me encuentro con un poema de  memento mori, donde la fugacidad de la vida se expone en aterrador primer plano.


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El peso del miedo

Sacrificio (Offret)
Dir: Andrei Tarkovsky, 1986

Durante la estancia de Tarkovsky en Italia, mientras realizaba su penúltima película y moría poco a poco de nostalgia, Tonino Guerra le escribió un poema que se puede escuchar en Tempo di Viaggio.

En Sacrificio, Alexander (Erland Josephson) le comenta a su hijo:

- Entonces vimos la casa. Nos entró tanta tristeza a tu madre y a mí por no vivir en aquella casa, bajo los pinos, junto al mar. ¡Qué hermosa era! Supe que si vivía allí sería feliz hasta la muerte.

Cuando Alexander quema la casa, no es un sacrificio, no se desprende de aquello que le haría feliz hasta su muerte como creyó. Está quemando la jaula.

Alexander sigue conversando solo, mientras su hijo desaparece de la escena (aunque como durante toda la película la ausencia física en el plano no impide la presencia sensorial del personaje):

- ¿Qué pasa? No tengas miedo, la muerte no existe. Existe el miedo a la muerte, que es un miedo terrible. A veces hace que la gente haga cosas que no debiera. ¡Cuán diferentes serían las cosas si pudiésemos dejar de temer a la muerte!

Y cuando casi todo son cenizas, la felicidad es palpable. Por fin abraza a su mujer, que preocupada intenta retenerlo para introducirlo en la ambulancia. Alexander, o Tarkovsky, o hace horas Tonino Guerra, eran tan ligeros que no podían ser retenidos en el interior: habían dejado de temer a la muerte.

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Contemplación

XXVI

Con las manos se forman las palabras,
con las manos y en su concavidad
se forman corporales las palabras
que no podíamos decir.

XXXIII

Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.

Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la mañana,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser voz.

Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz.

XXXVI

Y todo lo que existe en esta hora
de absoluto fulgor
se abrasa, arde
contigo, cuerpo,
en la incendiada boca de la noche.

XXXVII

A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos.
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.

XXXV

La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.

Jose Angel Valente, 1984. El fulgor (partes).

Hoy, en el Día Mundial de la Poesía (¡cuánta tontería!), El País pregunta ¿para qué sirve la poesía? En un mundo que lee más bien poco, y escucha más bien nada, leer poesía puede ser  una ardua tarea para la que no estamos preparados. Servir, sirve para lo mismo que observar un cuadro. Sirve para aprender a escuchar.

Okitsushima                                                  ¿Cómo podría yo
ariso no tama mo                                           no echar de menos
shioi michite                                                    las delicadas algas
kakuroi yukaba                                              de las rocosa orilla de la isla
omooemu ka mo                                             cuando sean escondidas por la marea?

Yamabe no Akahito (700-736).

Muchacha en la ventana (Salvador Dalí, 1925)

No existe arte sin contemplación.

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