El diario inacabado: El Viaje de los argonautas

Prólogo

Voy a empezar esta especie de diario advirtiendo que voy a hacer trampas. Sí, y lo digo nada más empezar, para que no queden dudas. Estas crónicas serán escritas a la vuelta del viaje que nos ocupa. En lugar de escribirlas conforme transcurre, a diferencia de otros viajes, por diferentes circunstancias que no voy a citar, lo relataré desde la oscuridad de la memoria.

Viajar a Grecia es ante todo un reto importante. Grecia es por antonomasia, la región de la que más se ha escrito y la zona de la tierra con mayor historia, tanto fantástica como real. Y en Grecia, donde realidad y mitología se mezclaron hasta ser casi imposible percibir que es real y que no, viajar por sus mares y pisar sus tierras, te sumerge en una ensoñación difícil de igualar.

Proponerme un viaje a Grecia es complicado. El tiempo, jugaba en mi contra. Si me hubieran dicho que trazara un itinerario sin prender atención al tiempo ni al dinero; sin que ninguna frontera me causara problemas y ningún problema me creara fronteras, no sabría que hacer. Hay tanta historia encerrada en estas tierras que tendría que plantearme una forzada reflexión para escoger uno de los tres itinerarios que pelean en mi mente.

La primera, es el regreso de Ulises cantado por Homero en La Odisea. Es quizá, la más sencilla de las tres. Para empezar el viaje comenzaría en Turquía donde se encuentran los restos de Troya. De Troya a Ítaca hay un largo trecho, siempre por mar, que me ocuparía muchísimo tiempo y muchas ensoñaciones. Son tantos los estudios sobre el viaje de Odiseo que no es difícil saber los lugares actuales donde Homero hizo palidecer a su héroe, pero seguirlo es algo que los transbordadores actuales no están dispuestos a ponerte fácil.

 

Ulises y las sirenas (Herbert James Draper, 1909)

Otra opción sería la que el hijo del rayo (Alejandro Magno) realizó en su afán por ir más, y más lejos. Es sin duda la más ambiciosa. La más complicada, y la que menos kilómetros recorre por tierras helénicas. Saldría de la ciudad de Pellas, en la vieja Macedonia, norte de Grecia para acabar cruzando Asia Menor, Egipto y perderse batalla tras batalla, victoria tras victoria, en la India. Es la ruta de un hombre que se creía descendiente de los dioses y su imperio, el más grande jamás conocido, un cúmulo de sorpresas para los aventureros que se atrevan a recorrerlo. Sin duda, es quizá la más heroica aventura, pero tanta aventura requiere encontrarse en situaciones incompatibles con la vida que nos toca vivir.

 

Imperio de Alejandro Magno

La última opción se remonta años antes que Aquiles, Ayax y Ulises saquearan la ciudad de Troya. Alguna generación antes de los hechos que nos narra Homero en La Ilíada. Es la ruta tras el vellocino de oro: El viaje de los argonautas. A pesar del haber titulado esta especie de crónicas con el mismo título, no recorrimos este trazado tampoco. El tiempo del que disponíamos no nos lo permitía, pero me parecía un buen título para nuestro rumbo por los mares griegos. Es también un gran viaje, pero al contrario que los otros dos, sólo es posible si dispones de barco propio o dinero para alquilar uno.

 

Jason y el vellocino de oro

En la ciudad griega de Tesalia, reinaba Pelias, hombre cruel que había usurpado el reino a su legítimo propietario, Esón. El oráculo de Delfos predijo a Pelias que moriría a manos de un hombre calzado con una sola sandalia. El hijo de Esón se llamaba Jasón, y desde el exilio se dirigió a Tesalia para recuperar su reino. Fue llevado ante Pelias, que al verlo entrar en el salón del trono no pudo reprimir su miedo al comprobar que tan sólo estaba calzado con una sandalia. Las intenciones de Jasón, a pesar de todo, no eran matar a Pelias: le dijo que podía conservar todos los bienes malversados durante su reinado, los ganados, el oro… todo excepto el trono, que debía ser devuelto inmediatamente al linaje de Esón. Pelias accedió, pero imponiendo una condición: Jasón debía traer a Tesalia la piel del Carnero de Oro, el vellocino de aquel mítico animal que se hallaba en la Cólquida. Y es que Pelias sabía muy bien que aquella era una empresa imposible, y que mandaba a Jasón a una muerte segura. Pero ante los ojos espantados de los súbditos del reino, Jasón aceptó el encargo, ordenando a los mensajeros de Pelias que difundieran la noticia de una gran expedición por mar a la desconocida Cólquida, en busca del Vellocino de Oro. Al mensaje respondieron los más grandes héroes griegos: el poderoso Hércules, hijo de Zeus, Orfeo el músico, capaz de encantar a las bestias con su lira, los gemelos Cástor y Pólux, hijos también de Zeus y grandes guerreros, Peleo (padre de Aquiles), que llegaría a ser rey de Egina, Alertes, rey de Ítaca (padre de Odiseo)…

El viaje comienza en las costas del norte de Grecia para llevarlos en un buque llamado Argos (Veloz) a través del Mediterráneo hasta alcanzar el Mar Negro, conocido entonces como el Mar Enemigo.

Es la primera expedición de la que se tiene referencia escrita, creo. Si fue cierto o no, ya lo he dicho, nunca se sabrá; porque en Grecia, y eso uno lo aprende mientras viaja por sus tierras, lo real y mitológico acaba siendo lo mismo.

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