Innisfree

La dama de Musashino ( 武蔵野夫人, Musashino fujin)
Dir. Kenji Mizoguchi, 1951

Son pocos los ejemplos en el cine de Mizoguchi, donde el realizador plantee los problemas de la sociedad japonesa de la época. Sobre todo, esa dicotomía entre la occidentalización y la tradición cultural que tanto retrataron directores contemporáneos como Ozu, Naruse y en menor medida Kurosawa.

Las dos muertes acontecidas al comienzo de la película y narradas con dos elipsis, marca de la casa del director, son una bella metáfora del fin de una época en el Japón postbélico. Las tradiciones sucumben frente a unas costumbres occidentales más modernas. Michiko Akiyama (Kinuyo Tanaka) es la tradición, ejemplificado en el honor, y el resto de personajes de modus vivendi afines a la occidentalización, se mueven por deseos impúdicos. Michiko es el único personaje que no viste con ropa occidental en ningún momento de la película.

Aunque no es uno de los trabajos más conseguidos de su director, disfrutamos con los planos y movimientos que Mizoguchi crea con la grúa, milimétricamente medidos, y creados de manera que es imposible pensar en la construcción de la escena sin ellos.

La grúa y unos hermosos travelines son también eje funcional para las imágenes más líricas construidas para la película. El amor que Michiko y Tsutomu (Akihiko Katayama) sienten por Musashino queda reflejado en las imágenes que Mizoguchi recoge. Innisfree aparece con fuerza. Su eco, igual que los sonidos y olores de todos aquellos lugares mágicos que sabes verás morir, trasciende por el dolor de una perdida inevitable. Por la condena de una vida llena de nostalgia (captado de manera extraordinaria en la última escena de la película).

Es una lástima que casi la totalidad de las imágenes rodadas entre los campos de Musashino estén acompañadas por una música inadecuada –que acentúa el amor no formalizado entre ambos personajes- desaprovechando la oportunidad de captar la esencia (que solo hace en la tormenta) de esa Innisfree natural y salvaje, libre espontánea, voluntaria, explosiva de salud, llena de vida y sin estropear.

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