La transmisión de un poder

Kagemusha: la sombra del guerrero  (影武者, Kagemusha)
Dir: Akira Kurosawa, 1980

Para la introducción, Kurosawa usa un plano fijo y frontal de casi seis minutos y medio, que muestra los tres personajes principales formando un triángulo: en lo alto se encuentra Shingen Takeda (Tatsuya Nakadai), a su derecha, más abajo, su hermano Nobukado (Tsutomu Yamazaki) y a la izquierda de Shingen, más alejado, está un ladrón (de parecido perverso) salvado de la crucifixión (Tatsuya Nakadai).

Durante el tiempo que dura el plano, Kurosawa hace dos cosas importantísimas: usa el diálogo donde da la información necesaria para no perderse durante la película, mientras que con la imagen, ofrece otra información complementaria sobre la personalidad de los asistentes.

Así observamos que no solo Nobukado adopta un gran parecido físico con Shingen, sino que ha mimetizado tanto a su Señor, que incluso adelanta los mismos gestos que hará Shingen. Mientras, la sombra de Shingen, queda recogida siempre entre ambos como un personaje más en escena, interponiéndose entre los dos hermanos.

La nueva sombra permanece en su primera parte en silencio, observando cabizbajo la llama de una vela. Su compostura y lenguaje se vuelve soez cuando le increpan ser una alimaña. Su razonamiento para alzarse es lúcido, y Shingen ve en ello, la cualidad de un buen sosias.

Más que en las aclamadas batallas visuales (occidentalizadas con recursos como la cámara lenta, o el uso impertinente de la música-no menos occidentalizada-), en Kagemusha, el valor de la obra está en sus elipsis y en sus planos de interiores, donde Kurosawa construye el valor y el miedo de todos sus personajes. Kagemusha es una reflexión sobre como el respeto y el poder, no se transmiten por linaje (Katsuyori Takeda), sino que es una actitud y un mérito, que se gana mientras se camina.

Como soy bastante torpe con la informática y aprendo cual tortuga coja, no he podido colgar la versión dual con subtítulos, y no me ha quedado más remedio, que buscar una versión doblada que me confirma que el doblaje en el arte, debe morir.

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